Lo bueno se hace esperar. Como ya saben, un domingo como cualquier otro partimos los tres muy de madrugada rumbo a la patria querida. Después de 24 horas de itinerario, entre esperas, vuelos y escalas, felizmente llegamos. Por supuesto, la familia nos esperaba con mucha ilusión. Todas las atenciones eran en principio para Matilda; besos, abrazos y achuchones todos para ella. Tanto que casi se queda el padre en el aeropuerto, pero él muy consciente de su segundo puesto en el círculo familiar, espabiló y finalmente logró subirse a un coche que por fortuna quedaba por ahí en medio del efusivo recibimiento.
Tras la llegada y después de un día de descanso, la oleada de invitaciones y encuentros no se hizo esperar, había que aprovechar al máximo. Los días estaban contados. Una carrera de visitas, desayunos, almuerzos, cenas y eventos con familiares y amigos, claro, casi todos dedicados a conocer a nuestra pequeña. Los paseos también fueron importantes, había que reencontrarnos con nuestro pasado, con el viajecito por carretera con parada en el trayecto, los deliciosos olores a naturaleza y la brisa que nos da en la cara y revuelve nuestro cabello, esto último valga aclarar, cada vez que nos lo permitían los amantes del aire acondicionado. Así pues, estuvimos en Girardot, San Gil, en la Cascada de Juan Curí, en Barichara, Bucaramanga, el Parque Nacional del Chicamocha y en la finca vía a Villavicencio. De todos guardamos un agradable recuerdo y un extenso registro fotográfico.
Por otro lado, Matilda pudo disfrutar de su primera Navidad rodeada del afecto de toda la familia y sobre todo de muchos regalos. Su año nuevo fue como una segunda Navidad pues, cual niña en régimen de visitas, tuvo que pasar las fiestas entre las familias materna y paterna.
Finalmente y como plato fuerte del mes celebramos también el cumpleaños de Matilda. Había un sentimiento unánime por parte de la familia en festejar de una manera muy especial este primer añito, por lo que el evento terminó siendo algo pomposo sin proponérnoslo. Tenemos la impresión de que la pequeña realmente captó nuestra intensión pues la vimos muy sorprendida e incluso maravillada por tantas demostraciones hacia ella, sobre todo a la hora de cantarle el "Cumpleaños feliz".
Como novedades del mes, Matilda se mostró más sociable que nunca. Nos sorprendió la familiaridad con la que llegó a todos los lugares y la tranquilidad que transmitía cuando alguien la tomaba en brazos, parecía que los conocía de toda la vida. Por primera vez percibía que era el centro de atención de otras personas distintas a sus padres y sabía muy bien explotar ese protagonismo. A la abuela paterna la tenía comprada con los aplausos animosos que le hacía cada vez que la veía aparecer -un día por saludarla olvidó sujetarse y se fue de cara, eso sí, en los sucesivos aplausos aprendió la lección-. Y a la abuela materna, la tenía dominada con el poder de su sonrisa y su pequeño dedo índice, que lo empleaba muy bien para conseguir sus propósitos. Durante este mes Matilda se lanzó a dar sus primeros solitos, e incluso aprendió a subir las escaleras.
Como pueden ver, fue un mes intenso en emociones y experiencias, podemos decir que fue un viaje de fin de año bastante renovador para los padres y totalmente novedoso para Matilda.
bueno!!! cuántas cosas!!!
ResponderEliminarCon razón la espera. Vaya curro con las fotos.
ResponderEliminarQué bien se lo pasaron en el viaje. Vaya experiencias. Matilda se ve encantada.
Joooooooo que casi no termino de verlas, pero son espectaculares todas; obviamente fue muy agradable volverlos a ver y en especial conocer a mi hermosa sobrina. Gracias!
ResponderEliminarMe alegro que fuese todo tan bien!!! y como crece Matilda!!!! Os animamos a que nos hagáis una visita a Valencia. Un saludo
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