Matilda estuvo en Chipre visitando a sus primos. El motivo principal fue el cumpleaños de Gabriel. La celebración se inició con un gran paseo en barco bordeando la costa desde Famagusta hasta los rocosos paisajes de Cabo Greco en la zona de Protaras, y terminamos en unos deliciosos paseos, casi diarios, de turismo de playa por todo Chipre.
Las playas, todas hermosas, casi paradisíacas, de arenas finas, en todos los colores, moldeables y cálidas, agradables para pasar la tarde descansando, jugando o sobrellevando el calor de un verano en plena primavera (38 a 40 ºC). Con aguas claras, poco profundas y una fauna muy visible, tanto, que un día tuvimos la fortuna de ver a un amistoso pescadito, que por todas sus señas físicas apuntaba a titulo de escualo. Por seguridad no quisimos saber dónde andaban sus padres.
La comida, exquisita, abundante y a buen precio, teniendo en cuenta que comimos casi todos los días fuera de casa. Los restaurantes eran muy chulos, grandes y decorados. En las zonas más turísticas casi todos parecían restaurantes temáticos. Diseñados para dar placer a los sentidos. Había para ver, oler, palpar y como no, degustar.
Visitamos también ciudades, pueblos, iglesias, monasterios, mezquitas, ruinas, etc. No paramos, pero tampoco nos estresamos. La novedad siempre al día y, lo mejor, la buena compañía. Todo terminó en unas deliciosas vacaciones. Nos quedó el gustito de haberlo pasado muy bien pero requete bien, gracias a nuestra familia en Chipre.
Los registros fotográficos, como siempre, un tanto exagerados en cantidad, mamá no puede evitarlo. Si desean adentrarse en sus álbumes, queda bajo su responsabilidad. Ponemos a disposición los links, ¡ya sabes! clickeando en la foto los descubrirás.
Las playas, todas hermosas, casi paradisíacas, de arenas finas, en todos los colores, moldeables y cálidas, agradables para pasar la tarde descansando, jugando o sobrellevando el calor de un verano en plena primavera (38 a 40 ºC). Con aguas claras, poco profundas y una fauna muy visible, tanto, que un día tuvimos la fortuna de ver a un amistoso pescadito, que por todas sus señas físicas apuntaba a titulo de escualo. Por seguridad no quisimos saber dónde andaban sus padres.
La comida, exquisita, abundante y a buen precio, teniendo en cuenta que comimos casi todos los días fuera de casa. Los restaurantes eran muy chulos, grandes y decorados. En las zonas más turísticas casi todos parecían restaurantes temáticos. Diseñados para dar placer a los sentidos. Había para ver, oler, palpar y como no, degustar.
Visitamos también ciudades, pueblos, iglesias, monasterios, mezquitas, ruinas, etc. No paramos, pero tampoco nos estresamos. La novedad siempre al día y, lo mejor, la buena compañía. Todo terminó en unas deliciosas vacaciones. Nos quedó el gustito de haberlo pasado muy bien pero requete bien, gracias a nuestra familia en Chipre.
Los registros fotográficos, como siempre, un tanto exagerados en cantidad, mamá no puede evitarlo. Si desean adentrarse en sus álbumes, queda bajo su responsabilidad. Ponemos a disposición los links, ¡ya sabes! clickeando en la foto los descubrirás.
Primeros días, bienvenida y celebración
Días de playa y mucho más
Ellas si saben disfrutar cada momento... gracias por estos bellos momentos
ResponderEliminarMuy divertido el burrito con Parkinson, pero será que con tanto muñeco, uno se queda quieto?...
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