Un mes después de haber aterrizado en nuestra tierrita, algo más reposados y más adaptados, podemos decir que nos sentimos, francamente, muy bien. La bienvenida ha sido acogedora y Matilda se muestra la más feliz de todos. Le fascino su nueva casa, su cuarto y el sentirse tan rodeada. Nada más llegar la abuela le hizo una fiesta de príncipes y princesas para celebrar su cumpleaños pasado. En este festín reconoció a gran parte de la familia, gozó de ser el centro de atención y recibió muchos regalos.
A la semana siguiente, la agasajada fue la abuela por su cumpleaños pero por variar, el centro de atención terminó siendo nuevamente Matilda, quien convirtió la celebración en un festín de princesas, fue una excelente anfitriona y amenizó la tarde con canciones.
La tercera semana entró al cole infantil del abuelo paterno, estrenó uniforme y ruta de bus, que para fortuna de los padres, la lleva y la trae, servicio puerta a puerta. Matilda está muy contenta en su nuevo cole pero sabe que éste es temporal pues aun seguimos en la búsqueda de un colegio definitivo en el que ella pueda continuar su escolarización completa.
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La tercera semana entró al cole infantil del abuelo paterno, estrenó uniforme y ruta de bus, que para fortuna de los padres, la lleva y la trae, servicio puerta a puerta. Matilda está muy contenta en su nuevo cole pero sabe que éste es temporal pues aun seguimos en la búsqueda de un colegio definitivo en el que ella pueda continuar su escolarización completa.
Con el uniforme de diario del cole
Como en un régimen de visitas se la pasa entre la casa de los abuelos paternos y los maternos, en cada lado tiene mucho amor y diversión, ambas abuelas son unas alcahuetas.
Payaseando con la abuela paterna
Disfrutando de los deportes de riesgo que la abuela materna le patrocina.
Se balancea de miedo, a la máxima amplitud que da el columpio.
¡Y grita de felicidad!
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